
Hojeando el número de la semana pasada de la revista Pronto (a veces hojeo las revistas que se compra mi madre, en su mayoría revistas del corazón, por eso que llaman deformación profesional y todas esas cosas), después de un nutrido reportaje fotográfico de las vacaciones de Belén Esteban, su flamante marido Fran y su hija Andreíta en Benidorm, topé con una entrevista exclusiva a Narciso Ibáñez Serrador, maestro indiscutible de la televisión en nuestro país y ahora alejado (a su pesar) de la pequeña pantalla.

A ver. Me he propuesto escribir la crítica de The Dark Knight, que es una magnífica película, más allá del récord de recaudación que ha marcado en la taquilla estadounidense el primer fin de semana después de su estreno, del fatal fallecimiento de Heath Ledger y de la campaña de marketing que tiene detrás.

Escribí estas líneas, de tono bastante contenido en general, en la habitación vacía de mi piso de alquiler en Zaragoza, puesto que ya tenía el equipaje preparado para regresar a Sevilla y las maletas contenían toda la parafernalia de mapas, paneles de corcho, pizarras, recortes de prensa y timings que había desplegado en las paredes.

A pesar de la ferocidad del calor, a pesar de que sobre sus cabezas, normalmente protegidas con una gorra cochambrosa, planea un cielo incendiado de sol, hordas de gorrillas, mujeres y hombres destartalados, procedentes de los arrabales, dejados de la mano de Dios, se echan a la calle en Sevilla para buscarse el jornal diario.