Ocupó el Ayuntamiento durante doce años, siendo el regidor más longevo. Tenía 69 años, tres hijos y cinco nietos

El carril bici, las peatonalizaciones, las setas o la Torre Pelli son parte de su legado

Alfredo Sánchez Monteseirín durante la inauguración del Metrosol Parasol. / Juan Carlos Muñoz

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Stella Benot

26 de octubre 2026 - 10:33

Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde que más tiempo dirigió el Ayuntamiento de Sevilla, ha muerto este lunes tras una larga enfermedad que ha soportado acompañado por su esposa, Felisa, sus tres hijos, Juanlu, Candela y Alfredo, y sus cinco nietos, por los que tenía especial debilidad.

Médico de formación, fue alcalde durante tres mandatos consecutivos, entre 1999 y 2011, el primero tras un pacto con el Partido Andalucista y los otros dos mandatos tras firmar un acuerdo con Izquierda Unida. A ambos partidos los gobernó con mano firme, una sonrisa en la boca y haciendo lo que quería para su ciudad. Desde la Plaza Nueva llevó a cabo una política valiente que le generó muchos problemas entre los sectores más reaccionarios de la sociedad pero que supuso una indudable transformación de la ciudad. Un legado que se ha ido reconociendo con el paso de los años y del que él mismo disfrutó en vida.

Sobre todo en marzo de 2021 cuando se inauguró la plaza que lleva su nombre en la isla de la Cartuja, una iniciativa de los empresarios como reconocimiento a una figura “fundamental para el desarrollo del PTC Cartuja”, tal y como consta en el expediente del Ayuntamiento para rotular la plaza.

Una de las claves del mandato de Monteseirín es que los cambios que implantó, con los correspondientes sofocones que le conllevaron, se han convertido en parte sustancial de la ciudad. El metrocentro, la peatonalización de la Avenida y de numerosas calles del centro o San Jacinto, además del carril bici, la Torre Pelli o las Setas, son ahora emblemas de la ciudad moderna y se han integrado en su paisaje urbano siendo, además, imágenes que definen a Sevilla.

Tuvo graves enfrentamientos con la Policía Local (que hasta le hicieron una botellona a las puertas de su casa en Triana) y conflictos graves con Lipasam y los conductores de Tussam.

Era profundamente ambicioso en su concepción de Sevilla; su cabeza no paraba quieta un minuto y nunca le parecía suficiente. “Sevilla siempre es bella porque siempre es nueva”, decía. Y aunque cambió la fisonomía del centro, llevó a cabo un ambicioso Plan de Barrios que trajo de cabeza a sus asesores más cercanos. Quería mejorar también la periferia a la que nadie prestaba atención y no se le ocurrió otra cosa que firmar programa-contrato con las asociaciones de vecinos para reurbanizar lo más urgente de esos barrios. Bajo el lema “la ciudad de las personas” abordó una buena parte de esos cambios, sobre todo las peatonalizaciones.

Su despacho

A Alfredo Sánchez Monteseirín le gustaba su despacho de la Alcaldía. Lo tenía lleno de fotos, dejando por supuesto el lugar principal para la Virgen de la Hiniesta Gloriosa patrona de la Corporación municipal, y pasaba muchas horas recibiendo a quien le planteaba una idea y consultando con el equipo directivo del Ayuntamiento. Allí siempre hacía mucho frío (en invierno y en verano) porque Alfredo era muy caluroso, o tal vez era una estrategia para que las reuniones durasen lo justo; el frío aligeraba las gestiones.

Era muy del PSOE pero siempre puso por delante de su partido a la ciudad. Y eso le costó muchas luchas internas con quien entonces era el secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, y su segunda, Susana Díaz, y también con José Antonio Griñán cuando llegó a la Presidencia de la Junta y al liderazgo del PSOE andaluz. Griñán no tuvo otra idea que informar a la Agencia EFE de que Monteseirín no volvería a ser candidato a la Alcaldía en 2011. Aquello generó un revuelo político enorme porque Alfredo no iba a repetir pero no pudo si quiera comunicar que era su decisión personal.

Sevillano malaje

Nacido en La Rinconada el 25 de septiembre de 1957, siempre profesó una enorme admiración por su padre, Juan Luis Sánchez Centeno, profesor en los Escolapios, colegio en el que él estudió, y a quien citaba como modelo de vida. Sánchez Monteseirín era el prototipo de sevillano malaje; no le gustaba mucho ni la Semana Santa ni la Feria y su mayor fiesta era la celebración de su cumpleaños, el mismo día que su querida María de la O Jiménez, también fallecida.

Pero aguantaba la Semana Santa, la Feria, el Corpus y lo que le echaran. En la caseta municipal pasaba horas atendiendo a unos y otros, siempre pensando en la ciudad. Tenía un truco infalible para aguantar: sólo bebía casera blanca manchada con un poco de tinto para darle color.

Cuando salió del Ayuntamiento, volvió a su plaza de funcionario en el SAS y ocupó, desde 2018 hasta 2024, el puesto de delegado Especial del Estado para la Zona Franca de Sevilla.